«Hoy Chile piensa su desarrollo con una mirada territorial más completa”Cristian Henríquez, ex consejero CNDT y presidente saliente de SOCHIGEO

Tras tres años como consejero del Consejo Nacional de Desarrollo Territorial, el presidente saliente de la Sociedad Chilena de Ciencias Geográficas, Cristian Henríquez, hizo un balance de un periodo que permitió incorporar por primera vez en el CNDT la mirada de la geografía en la discusión sobre el desarrollo del país, marcando un cambio profundo en la forma de pensar la relación entre ciudades, naturaleza y planificación.

28 de enero de 2026. Durante tres años, Cristian Henríquez fue el representante de la Sociedad Chilena de Ciencias Geográficas (SOCHIGEO) en el Consejo Nacional de Desarrollo Territorial (CNDT), una experiencia que, según él mismo reconoce, marcó un antes y un después tanto para la disciplina como para la forma en que el Estado comenzó a pensar el desarrollo del país. “No es exagerado decir que fue un hito institucional. Por primera vez la geografía, como ciencia, tuvo un asiento en una mesa donde se discuten los grandes lineamientos del ordenamiento territorial de Chile”, afirma.

Antes de la llegada de SOCHIGEO al Consejo, la mirada geográfica no formaba parte de ese espacio. Para Henríquez, eso significó que por primera vez una visión científica e integradora del territorio entrara de lleno en la toma de decisiones. “Lo que llevamos al CNDT fue la idea de que el territorio no es un simple soporte para proyectos, sino un sistema complejo donde interactúan la naturaleza, las ciudades, la energía, los ecosistemas, los riesgos y las vulnerabilidades”, explica.

Desde ese lugar, SOCHIGEO insistió de manera permanente en que el territorio es finito y frágil, y que cada decisión tiene impactos que trascienden los límites administrativos. “Las decisiones que se toman en un lugar siempre tienen efectos en otros, y muchas veces esos efectos no son visibles en el corto plazo”, señala Henríquez. Por eso, uno de los principales ejes de su trabajo fue empujar una planificación integrada y de largo plazo, capaz de ir más allá de los ciclos políticos.

“La planificación territorial no puede depender del gobierno de turno. Chile necesita una gobernanza que asegure continuidad y que permita disminuir las brechas de inequidad territorial”, sostiene. En ese contexto, SOCHIGEO asumió un rol de articulación entre la academia, el mundo técnico y la política pública, aportando estudios, diagnósticos y propuestas para nutrir las decisiones del Consejo.

Ese rol se volvió especialmente visible en la actualización de la Política Nacional de Desarrollo Urbano (PNDU), uno de los procesos más exigentes que ha enfrentado el CNDT. Para Henríquez, participar en esa experiencia fue como estar dentro de un laboratorio de gobernanza territorial. “No era una simple mesa de trabajo. Era un espacio donde convivían visiones, escalas e intereses muy distintos. El desafío no era quién tenía la razón, sino encontrar el punto donde las evidencias, las urgencias sociales y las visiones de futuro pudieran converger”.

En ese proceso, SOCHIGEO fue insistente en que el desarrollo urbano no podía pensarse solo desde las grandes metrópolis. “Chile es un sistema de ciudades interconectadas. Las ciudades medias cumplen un rol clave para articular el mundo rural con los mercados metropolitanos y globales”, explica. Desde esa perspectiva, la Sociedad impulsó una visión de policentralidad que permita descongestionar Santiago y generar desarrollo en distintos puntos del país.

Otro eje central fue el soporte biofísico de las ciudades. Henríquez recuerda que fueron persistentes en advertir que “las ciudades no flotan en el vacío; están ancladas en un soporte biofísico finito y vulnerable”. Por eso, cuestionaron la expansión urbana sobre suelos agrícolas, humedales y áreas de riesgo, y promovieron una planificación que respete la capacidad de carga de los ecosistemas y la lógica de las cuencas hidrográficas.

La relación entre lo urbano y lo rural fue otro de los aportes estructurales de SOCHIGEO al debate del CNDT. “Hemos empujado la superación de la vieja fractura urbano-rural. Lo urbano y lo rural son parte de un sistema socioecológico continuo donde circulan agua, energía, alimentos y personas”, señala Henríquez. En ese marco, se logró visibilizar realidades que durante años habían sido ignoradas por la política pública, como las zonas periurbanas, los territorios de borde y el impacto de las parcelas de agrado.

A eso se sumó la incorporación de los servicios ecosistémicos y de la infraestructura verde y azul como categorías centrales de la planificación. “Las ciudades no serían viables sin los servicios de provisión, regulación y soporte que entregan los territorios rurales y naturales. Eso hoy es imposible de ignorar, sobre todo en un contexto de crisis climática”, afirma.

Mirando hacia el futuro, Henríquez sostiene que el CNDT debe fortalecer su rol. “El Consejo no puede quedarse solo en el diseño de políticas. Debe avanzar hacia el seguimiento, el monitoreo y la coherencia territorial de los instrumentos que se implementan en el país”, plantea. En ese camino, considera clave potenciar sistemas como SIEDU y SICVIR y avanzar hacia un observatorio nacional de dinámicas territoriales que permita anticipar las grandes transformaciones del territorio chileno.

También subraya la necesidad de una alfabetización territorial. “El CNDT debería liderar un programa nacional de formación para funcionarios y tomadores de decisiones. El enfoque territorial no puede quedar restringido a unos pocos especialistas”, advierte.

Otro desafío clave, añade, es profundizar el vínculo con las regiones y la ciudadanía. “El Consejo debe seguir siendo un puente bidireccional. Tiene que llegar con información a las regiones y traer de vuelta sus necesidades y propuestas, especialmente de los sectores más desposeídos y marginados”.

En lo personal, su paso por el CNDT fue una de las experiencias más significativas de su vida profesional. “Participar en plenarios, mesas técnicas, seminarios y en la evaluación ambiental estratégica de la PNDU me permitió conectar la teoría con la práctica”, comenta. Pero, sobre todo, le dejó una convicción clara. “La mayor satisfacción es haber contribuido a posicionar a la geografía en el debate nacional y a que la planificación territorial deje de ser reactiva y parcial y se transforme en una herramienta proactiva de desarrollo integral”.

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